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lunes, 14 de mayo de 2012

VOLVER A REÍR


Nadie más que uno mismo sabe cuales son sus sufrimientos y sus penas; ese puñal clavado en el corazón con el que se levanta cada día, que le acompaña a todas horas, que le hace soltar alguna que otra lágrima.
Todos hemos perdido a alguien en esta vida y lloramos su ausencia, rogamos por tener un minuto más para estar con ellos, porque todo haya sido una horrible pesadilla de la que nos vamos a despertar.
Pero en nuestra vida cotidiana se nos plantean situaciones que, aunque parezca mentira, nos hacen reír, disfrutar de esos pequeños momentos que son mágicos, que hacen que la comisura de los labios se eleve y nos volvamos a sentir felices. Y ahí viene el problema, ¿cuándo consideramos un tiempo prudencial para volver a sonreír?.
Nuestro corazón está triste, los recuerdos se agolpan en nuestra mente y creemos que no tenemos derecho a volver a reír, a que nada haga que ese dolor desaparezca de nuestro ser.
No hay un tiempo de luto concreto, el dolor de algunas pérdidas se lleva para siempre, pero debemos volver a reír, volver a sentir alegrías, volver a vivir. Nadie puede decirnos que no debemos disfrutar de la vida; antaño quedó el año de luto que se mantenía. Ahora es el momento de pensar en cómo nos gustaría que nos vieran esas personas que ya no están con nosotros. Con toda probabilidad nos pedirían que sonriéramos, así que hagámoslo: seamos felices por ellos, pero sobre todo, por nosotros. Nuestro corazón seguirá triste y aprenderá a vivir con el vacío, pero en nuestra cara debemos reflejar una sonrisa, es la mejor manera de continuar y rendir un pequeño homenaje a los que nos dejaron, ellos también nos devolverán la sonrisa desde allá en donde estén.

martes, 21 de febrero de 2012

AHORA NO

No soy más que una persona normal y corriente a la que le gusta plasmar en un papel lo que siente y piensa.  No soy más que una esposa, una madre, una hermana, una tía, una prima. No soy  más que una profesora a la que le gusta que sus alumnos aprendan y acude al trabajo con auténtica vocación. No soy más que una amiga que no necesita decir ni oír por favor o gracias. No soy más que una niña pequeña que ahora se siente sola y desamparada, con la tristeza por corazón y el vacío por cuerpo.
Las palabras no salen. La cabeza quiere olvidar y dormir.
Estos días pasados me decían: "sigue escribiendo", pero no puedo, ahora no. Los días irán pasando, el tiempo ayudará a saber vivir con el vacío y las ausencias y, quizá entonces, pueda volver a dejar mis manos libres y que tecleen lo que mi cabeza y mi corazón les dicen, pero ahora no.

domingo, 11 de diciembre de 2011

TENGO QUE HACERLO

Otros años por estas fechas mi casa ya estaba decorada con todos los adornos propios de navidad.
Este año aún no hemos puesto nada.
Tengo la excusa de que todas las cajas están fuera de casa, guardadas en otro sitio, pero antes o después habrá que ir a buscarlas y comenzar el despliegue: el árbol, el belén, las puertas.....
De momento aquí estoy a salvo: no hay nada que me recuerde las fechas que se avecinan; pero van a llegar quiera o no quiera.
Siempre he dicho que yo no tengo espíritu navideño; este año ha desaparecido por completo. Pero tengo una personita en casa que suspira porque llegue la navidad, porque todo en casa esté "bonito" y tampoco ella tiene que pagar mi tristeza y mi desgana.
Cuando yo era pequeña mi padre iba a buscar un árbol con alguno de mis hermanos para adornarlo en casa y colocábamos el belén entre todos.
A medida que la siguiente generación fue llegando a este mundo, su yayo se esforzaba por hacer un belén gigantesco para que todos disfrutáramos.
Será extraño y duro, muy duro, pasar una navidad sin aquellos que hasta ahora han formado parte de ella durante toda mi vida.
Me siento sola y triste teniendo que enfrentarme a días de alegría; pero tengo mi familia: somos tres personas que se quieren, que tienen que seguir adelante. Esas dos personas no se merecen verme triste, son mi apoyo de cada día y por ellas tengo que sacar fuerzas de donde no las encuentro para que disfruten, para que no olviden estos días.
Ellos dos se merecen una sonrisa en mi cara y que les diga: Feliz Navidad, que cante villancicos, que la casa esté adornada y que yo disfrute con y por ellos.
Seguramente de mis labios saldrán esas palabras: Feliz Navidad, aunque mi corazón me diga todo lo contrario y mi cabeza se niegue a admitir lo que me rodea y  sienta que la soledad me rodea y la tristeza me invade.
Por ellos dos lo tengo que hacer y sólo espero conseguirlo.