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miércoles, 28 de diciembre de 2011

MIS OJOS DE NIÑA

Cuando llegan estos días y todo cambia, no puedo por menos, volver a verlo todo con ojos de la niña que un día fui.
La ilusión de que mi casa sea la más bonita del mundo, iluminada con las luces del árbol, con el belén colocado y, cada día, acercando a los reyes hasta que lleguen al portal.
Es fácil volver a ser lo que un día fuimos y dejarnos contagiar por esa inocente alegría que da el no saber, el soñar, el creer que existe la magia.
En mi cuerpo de mujer está el alma de la niña con coletas que se despertaba temprano para ver lo que habían dejado los reyes, esos señores que había visto en el balcón del Casino la tarde de antes y a los que había hecho promesas que antes o después acabaría por no cumplir, pero que las había hecho de corazón.
Cuando las coletas desaparecieron y la magia se fue con ellas todo cambió, excepto una mañana: la del 6 de enero. La mañana de la ilusión, la mañana en que los sueños se han hecho realidad, la mañana en que mi zapato sirve para algo más que para poner el pie.
Cuando crecemos, la navidad trae alegrías y penas: el recuerdo de los que ya no están, un cierto sentimiento de soledad, nostalgia de tiempos pasados…
Pero como todos los años, en enero, volveré a ponerme las coletas y junto a la peque que hay en mi casa descubriremos que, por un día, los sueños se hacen realidad y la niña que hay en mí, volverá a sonreír y pensará que, por un día, es maravilloso volver atrás.

lunes, 26 de diciembre de 2011

UN BICHO RARO

Todo cambia a nuestro alrededor y nosotros cambiamos con ello.
Como es conocido por todos el "Gordo" de Navidad cayó en mi tierra, una buena parte en mi ciudad, y yo, por esas cosas raras que tiene el destino, tuve el número en mis manos, pero por aquello de no llevar dinero para ir a trabajar mas que lo justo para un café y el pan, lo dejé pasar.
En estos momentos, si hubiera llevado algún billete en la cartera, tendría cuatrocientos mil euros más en mi cuenta bancaria y, parecerá el típico pataleo de la persona a la que no le ha tocado, pero casi prefiero que no me hayan tocado.
No es una rabieta, ni el consuelo de los tontos, pero cuando lo comenté con una persona allegada a mí me dijo: "Algo mejor te deparará la vida".
Después de analizar el año que he pasado, lo bueno y lo malo, lo perdido y lo logrado, lo triste y lo alegre, me quedo con esa frase.
Nadie puede decir que no le hubiera gustado que le tocara la lotería, pero algunos somos tan tontos o, estamos hechos de otra forma, que preferimos que la vida nos traiga otras "cosas" que no sean dinero.
No creo que seamos seres extraños por buscar y querer conseguir aquello que no se paga con dinero y que todos sabemos lo que es. Tampoco vivimos del aire pero nos gusta ir a trabajar y acostarnos por la noche con la conciencia tranquila de haber cumplido con nuestro deber.
Creo que si hubiera llevado ese billete y comprado el décimo que tuve en mis manos, en estos momentos sería una persona con deudas saldadas, comprando como una loca para mi hija todo lo que no necesita pero en el fondo, sintiéndome exactamente igual que me siento ahora: esperando que la vida me traiga algo mejor.
Seguramente para muchos seré un bicho raro, pero me alegro de no haberlo comprado y poder seguir siendo yo.

sábado, 24 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD

Sinceramente hoy era un día que no me apetecía que llegara.
Desde que me he despertado estoy triste, con ganas de que todo pase rápido y volver a la rutina.
Pero siempre hay personas que te sorprenden y te hacen cambiar la forma de ver las cosas.
Esta vez ha sido mi hija. Con tan solo ocho años ha traído una sonrisa a mi cara y con ella las ganas de disfrutar del día de hoy.
Se ha levantado y me ha traído un "libro" con todos sus trabajos del colegio; todo su esfuerzo del primer trimestre ya terminado. Mientras me lo daba me ha dicho: "Lo he tenido escondido porque te lo quería dar hoy para que estuvieras contenta¨".
Creemos que los mayores somos los que sorprendemos a nuestros hijos con sus regalos de papá noel o de reyes, pero la sorpresa que me ha dado mi hija no tiene precio y no la venden en ningún sitio.
No habían salido de mi boca las palabras que todo el mundo dice en estas fechas, pero todo ha cambiado:
Ahora sí he descubierto lo que significa Feliz Navidad.

viernes, 23 de diciembre de 2011

CUENTO DE NAVIDAD

¿SÓLO HAY UNA NOCHEBUENA?
(Rescatado de mis escritos del año 1985)

La verdad es que nunca he comprendido a los humanos ni llegaré a comprenderlos: tanto hablar y hablar de proteger la naturaleza y todo el rato está pasando gente con un abeto debajo del brazo o en la baca del coche para que adorne un rincón de su casa. Creo que he tenido suerte, porque yo no pego mucho en esta época del año y nadie pretenderme arrancarme del suelo para llevarme a su casa. ¡Ah, perdón!, se me había olvidado decirlo: soy una palmera. Me siento un poco triste, porque ahora los niños no vienen a jugar a mis pies, ciertamente lo comprendo, porque hace frío y la noche cae muy pronto sobre la ciudad. Pero también soy muy feliz, porque cuando anochece todo se ilumina con un montón de lucecitas de colores que alegran la vista de la plaza donde me encuentro. Todo esto me recuerda lo que me ocurrió el año pasado, también en navidad.
No sabría decir que día fue, porque la verdad, yo no entiendo mucho de calendarios, sólo sé que la gente iba muy feliz por la calle y siempre se oía la misma palabra: Nochebuena. No sé qué querrá decir, porque para mí todas las noches del año son buenas, claro está, menos aquellas en las que hace tanto frío. El caso es que las calles se quedaron vacías más pronto de lo habitual y yo no comprendía el porqué. Estaba mirando las luces que iluminaban la calle cuando noté algo a mis pies: miré y vi a un niño pequeño sentado al lado de mi tronco, estaba llorando.
"¿Qué te pasa?, ¿por qué lloras?", le pregunté. Él se miró extrañado en todas las direcciones y como no vio a ninguna persona cerca, volvió a colocar su cabecita entre las manos.
"¿Por qué no me contestas?", le volví a repetir, "¿qué te pasa?. Mirando hacia arriba dijo: "¿Me estás hablando tú?".  "¡Claro!", respondí, "¿Quién si no?. Dando un respingo se levantó del suelo y corrió a esconderse detrás de un arbusto.
"¿Pero, por qué te escapas?, no voy a hacerte ningún daño, sólo quiero saber por qué lloras". El niño se frotó los ojos con fuerza mientras me miraba. Yo no comprendía a qué venía su asombro, entonces me di cuenta: los humanos no saben que nosotras también podemos comunicarnos y, después de tanto tiempo escuchándolo, yo ya había aprendido el lenguaje de los humanos.
"No tengas miedo pequeño", le dije, "quiero ser tu amiga y no quiero verte llorar, además creo que es una noche muy importante para vosotros".
No sé por qué dije eso, el niño comenzó a llorar más fuerte que antes y, corriendo, vino y se abrazó a mi tronco.
"Estoy solo", me dijo entre sollozos, "y tengo mucho miedo; no quiero pasar la Nochebuena en la calle, quiero volver a casa con papá y mamá, pero no sé hacerlo".
Bajé una de mis ramas y la pasé por alrededor de su cuerpo, al principio la rechazó, pero luego la aceptó de buen grado. Le dije que se tranquilizara, que yo le ayudaría a encontrar a sus padres.
Me dijo que si era tonta, que yo no me podía mover y que sería imposible encontrarlos.
Los dos nos quedamos en silencio, entonces se me ocurrió preguntarle qué quería decir eso de Nochebuena; "¿es que vosotros los humanos no vivís con alegría el resto de las noches"?. Me respondió que en Nochebuena se reúnen las familias y es una noche de paz y amor.
Comenzó a llorar de nuevo, "Pero yo estoy solo".
"Bueno, bueno, no te preocupes, siéntate junto a mi tronco y yo te cubriré con mis ramas para que no tengas frío. Mientras tanto miraré desde aquí arriba a ver si veo a tus padres".
Mi pequeño amigo pareció convencerse y sentándose se quedó profundamente dormido.
Al poco rato oí voces de adultos que llamaban a un niño. "Serán sus padres" pensé.
No sabía como avisarles; miré a un lado y a otro. Junto a mí un abeto lucía en todo su esplendor sus hermosas luces. "¿Me dejas que mueva tus ramas para que las luces se vean más?", le pregunté. Asombrado ante tal petición me dijo que sí. Con toda la fuerza que pude, comencé a moverlas para que las vieran. Y así fue, los padres del pequeño, extrañados ante aquel movimiento de mis ramas sin que soplara nada de viento, se acercaron a mí y cogiéndolo en brazos le abrazaron y besaron
Cuando ya se iba a marchar se volvió y me dijo: "No quiero dejarte aquí sola". "¿Con quién hablas?", preguntó su madre. "Con mi amiga la palmera", respondió. "Vamos hijo, estás asustado y cansado y debemos irnos a casa".
"No te preocupes", le dije mientras se alejaba, "soy muy feliz al verte con tus padres y piensa que ésta es mi vida y aquí tengo muchos amigos".
Me quedé muy contenta y satisfecha por haberle ayudado y, a partir de entonces, supe lo que quería decir Feliz Navidad y comprendí que yo había disfrutado de la Nochebuena sin saber lo que era.

domingo, 18 de diciembre de 2011

VILLANCICOS

"En el portal de Belén" comenzó la historia de la Navidad. Algunos dicen que fue un "25 de diciembre" y que todo fue porque nació un niño, me hubiera gustado preguntarle: "Dime niño, ¿de quién eres?".
Debió ser un niño muy guapo porque su nacimiento se anunció a todo el mundo, "Los campanilleros" se encargaron de hacerlo y, fue tan grande su entusiasmo que el tañir se oía  como si hubiera "Campana sobre campana"; hasta hubo un "Tamborilero" frente al sitio en que nació. Hubo gran revuelo en las zonas vecinas al lugar del nacimiento y las gentes se decían unas a otras "A Belén pastores" y los que ya se dirigían al lugar, gritaban a sus monturas: "Arre borriquito"
Por si ni lo sabíais, no es cierto eso de que "Hacia Belén va una burra", sino que eran tres y todo el mundo asombrado cuchicheaba: "Ya vienen los Reyes Magos", creo incluso que hasta "Los peces en el río" lo hablaban; porque que tres señores tan distinguidos se dirigieran a conocer a ese niño, era algo verdaderamente inusual.
Todo el mundo se concentró frente al portal, incluso "La marimorena", sí esa que siempre monta jaleo donde quiera que va, pero esta vez se comportó y lo único que decía asombrada mirando al pequeño era: "Ay del chiquirritín", ¿de dónde se sacaría esa palabreja?.
Se pasaron todo el día ahí y unos a otros se decían: "Canta, rie, bebe" que "Esta noche es Nochebuena" y decidieron seguir celebrándolo a lo largo de la historia.
"En Navidad" todo es posible, se suele decir, incluso que cantemos en latín "Adeste fideles" sin saber lo que significa, pero pongamos todo nuestro corazón en ello; creo que hasta sería capaz de lanzarme con un "O Tannenbaum" alemán sin tener ni idea del idioma germano.
Pero es época de alegría, impuesta o no, y creo que simplemente es necesario decir "Feliz Navidad".

domingo, 11 de diciembre de 2011

TENGO QUE HACERLO

Otros años por estas fechas mi casa ya estaba decorada con todos los adornos propios de navidad.
Este año aún no hemos puesto nada.
Tengo la excusa de que todas las cajas están fuera de casa, guardadas en otro sitio, pero antes o después habrá que ir a buscarlas y comenzar el despliegue: el árbol, el belén, las puertas.....
De momento aquí estoy a salvo: no hay nada que me recuerde las fechas que se avecinan; pero van a llegar quiera o no quiera.
Siempre he dicho que yo no tengo espíritu navideño; este año ha desaparecido por completo. Pero tengo una personita en casa que suspira porque llegue la navidad, porque todo en casa esté "bonito" y tampoco ella tiene que pagar mi tristeza y mi desgana.
Cuando yo era pequeña mi padre iba a buscar un árbol con alguno de mis hermanos para adornarlo en casa y colocábamos el belén entre todos.
A medida que la siguiente generación fue llegando a este mundo, su yayo se esforzaba por hacer un belén gigantesco para que todos disfrutáramos.
Será extraño y duro, muy duro, pasar una navidad sin aquellos que hasta ahora han formado parte de ella durante toda mi vida.
Me siento sola y triste teniendo que enfrentarme a días de alegría; pero tengo mi familia: somos tres personas que se quieren, que tienen que seguir adelante. Esas dos personas no se merecen verme triste, son mi apoyo de cada día y por ellas tengo que sacar fuerzas de donde no las encuentro para que disfruten, para que no olviden estos días.
Ellos dos se merecen una sonrisa en mi cara y que les diga: Feliz Navidad, que cante villancicos, que la casa esté adornada y que yo disfrute con y por ellos.
Seguramente de mis labios saldrán esas palabras: Feliz Navidad, aunque mi corazón me diga todo lo contrario y mi cabeza se niegue a admitir lo que me rodea y  sienta que la soledad me rodea y la tristeza me invade.
Por ellos dos lo tengo que hacer y sólo espero conseguirlo.