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lunes, 14 de mayo de 2012

VOLVER A REÍR


Nadie más que uno mismo sabe cuales son sus sufrimientos y sus penas; ese puñal clavado en el corazón con el que se levanta cada día, que le acompaña a todas horas, que le hace soltar alguna que otra lágrima.
Todos hemos perdido a alguien en esta vida y lloramos su ausencia, rogamos por tener un minuto más para estar con ellos, porque todo haya sido una horrible pesadilla de la que nos vamos a despertar.
Pero en nuestra vida cotidiana se nos plantean situaciones que, aunque parezca mentira, nos hacen reír, disfrutar de esos pequeños momentos que son mágicos, que hacen que la comisura de los labios se eleve y nos volvamos a sentir felices. Y ahí viene el problema, ¿cuándo consideramos un tiempo prudencial para volver a sonreír?.
Nuestro corazón está triste, los recuerdos se agolpan en nuestra mente y creemos que no tenemos derecho a volver a reír, a que nada haga que ese dolor desaparezca de nuestro ser.
No hay un tiempo de luto concreto, el dolor de algunas pérdidas se lleva para siempre, pero debemos volver a reír, volver a sentir alegrías, volver a vivir. Nadie puede decirnos que no debemos disfrutar de la vida; antaño quedó el año de luto que se mantenía. Ahora es el momento de pensar en cómo nos gustaría que nos vieran esas personas que ya no están con nosotros. Con toda probabilidad nos pedirían que sonriéramos, así que hagámoslo: seamos felices por ellos, pero sobre todo, por nosotros. Nuestro corazón seguirá triste y aprenderá a vivir con el vacío, pero en nuestra cara debemos reflejar una sonrisa, es la mejor manera de continuar y rendir un pequeño homenaje a los que nos dejaron, ellos también nos devolverán la sonrisa desde allá en donde estén.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

TENGO DOS AMIGAS

Puedo presumir y presumo de que tengo dos amigas.
No necesito más.
Son la noche y el día, el sol y la luna; son completamente distintas; cada una tiene sus problemas, completamente distintos a los de la otra; cada una es de un país distinto, pero ambas hablan el mismo idioma: el de la amistad.
Llevan muchísimos años a mi lado, tantos que ni recuerdo casi como surgió la amistad. Saben todo de mí y yo de ellas.
Me escuchan y me hablan, y me dicen tanto lo que quiero oír como lo que no. Entre nosotras no hay hipocresías, las cosas se dicen a la cara tal cual son: buenas o malas.
Hemos discutido, nos hemos abrazado, hemos reído juntas y hemos llorado.
Cuando estás en una situación como la mía te das cuenta de que es verdad que los amigos están cuando los necesitas. No lo digo porque ahora las necesite especialmente, las necesito siempre, y siempre están ahí, igual que yo estoy para ellas.
Podemos estar días y días sin hablar, sin saber una de otra, pero cualquier momento es bueno para llamar y decir, simplemente: "¿Qué tal estás?".
Ellas no necesitan ningún texto escrito para saber que las quiero, que en mis momentos buenos o malos están presentes, que pueden contar conmigo para lo que quieran y yo con ellas.
Vuelvo a repetir que tengo dos amigas, que no necesito más, que ellas llenan ese espacio que han ocupado durante tanto tiempo y que doy gracias porque la vida las pusiera en mi camino.