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sábado, 25 de febrero de 2012

GRACIAS A MI HIJA

Mara:
Doy a gracias a la vida que hizo que nos encontráramos hace ya algunos años y que tú pasaras a ser mi hija y yo tu mamá.
Tantas cosas cambiaron desde entonces para las dos que sería imposible explicarlas en una carta.
Quiero agradecerte todo lo que haces por mí cada día, tus mimos al despertarte y tus brazos extendidos para que yo te abrace, tu cara de felicidad cuando me ves aparecer en la puerta del colegio a la hora de la salida, tus monólogos sobre tus amig@s y tus peticiones de ayuda para solucionar tus problemas, tus protestas cuando te mando ordenar la habitación o hacer los deberes.
Contigo entendí lo que es dar la vida por alguien, lo poco que importa caminar con unos zapatos viejos si tú los llevas nuevos, presumir de un diente que se ha caído, volver a peinar muñecas y reírme y llorar viendo películas infantiles.
Pero lo que hiciste el otro día no tiene precio. Sólo tu padre y yo sabemos el miedo que les tienes a los payasos, es algo que te aterroriza, pero viste a mamá triste porque yaya se había convertido en una estrella y se había ido al cielo; así que decidiste que tu disfraz de carnaval sería el de un payaso, porque los payasos hacen reír, porque mamá necesitaba reír. Y te pusiste el disfraz sin querer mirarte al espejo, pero segura de que yo te veía y sonreía.
Con tan sólo 8 años me has demostrado que cualquier miedo se puede superar con tal de hacer felices a los que te rodean y nunca, nunca te podré devolver lo que hiciste por mí y lo que haces por mí cada día.
Te quiero.

sábado, 24 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD

Sinceramente hoy era un día que no me apetecía que llegara.
Desde que me he despertado estoy triste, con ganas de que todo pase rápido y volver a la rutina.
Pero siempre hay personas que te sorprenden y te hacen cambiar la forma de ver las cosas.
Esta vez ha sido mi hija. Con tan solo ocho años ha traído una sonrisa a mi cara y con ella las ganas de disfrutar del día de hoy.
Se ha levantado y me ha traído un "libro" con todos sus trabajos del colegio; todo su esfuerzo del primer trimestre ya terminado. Mientras me lo daba me ha dicho: "Lo he tenido escondido porque te lo quería dar hoy para que estuvieras contenta¨".
Creemos que los mayores somos los que sorprendemos a nuestros hijos con sus regalos de papá noel o de reyes, pero la sorpresa que me ha dado mi hija no tiene precio y no la venden en ningún sitio.
No habían salido de mi boca las palabras que todo el mundo dice en estas fechas, pero todo ha cambiado:
Ahora sí he descubierto lo que significa Feliz Navidad.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

MADRE E HIJA

La ventana que tengo al lado del ordenador es perfecta para cotillas.
Sentada desde aquí puedo ver a la gente que pasa por la calle, los coches, un maravilloso parque.
Tengo suerte de tener esta ventana, pero no para cotillear, sino para darme cuenta de lo afortunada que soy.
Todas las mañanas, a las nueve y cuarto, una madre y una hija se paran frente a mi ventana a esperar.
La chica no llegará a los treinta años. Va siempre muy guapa vestida. Me resulta gracioso que, en estos días de frío, lleve el gorro a juego con la manta que cubre sus piernas.
Va en silla de ruedas. 
Mientras esperan, la madre se dedica a hacerle mimos y las veo reírse, darse besos y abrazos.
Siempre puntual llega la ambulancia, en cuyo lateral pone Paralíticos cerebrales. Entonces descienden los dos; mientras uno habla con la madre y la hija, el otro hace descender el aparato que eleva la silla y la introduce en el vehículo.
Besos sin fin a la hora de separarse. 
La ambulancia cierra las puertas y desaparece de mi vista, al igual que la madre.
Minutos antes de ver todo esto, yo he ido al colegio a llevar a mi hija.
Mi hija va andando y, por su edad, casi siempre va corriendo.
No hay tanta diferencia entre esa madre y yo: besamos a nuestras hijas, les deseamos un feliz día y nos vamos a nuestras obligaciones, hasta la hora en que vuelven a casa.
Es aquí, sentada y viendo a esa madre cuando me doy cuenta de lo afortunada que soy, ¿o no?.  Mi hija, si todo sigue igual, se irá de casa y hará su vida y surgirá el síndrome del nido vacío. Esa madre tendrá todos los días a su hija en casa y la besará y abrazará hasta el final de sus días, no habrá síndrome de ningún tipo; habrá luchado todos y cada uno de sus días para ver la alegría en el rostro de su hija enferma.
¿Cuál de las dos es más afortunada?

viernes, 9 de diciembre de 2011

TATUAJE

Es cierto el dicho "De este agua no beberé", doy fe de ello.
Siempre he sido antitatuaje y, en cierto modo, no me gusta ver esos brazos en los  que no asoma ni un ápice de piel y que, seguramente, están llenos de obras magníficas y de grandes sentimientos, pero debido a su gran acumulación no permiten ver nada.

Hace tres años mi hija salió de su habitación con un papel en la mano: "Es para ti", me dijo. En aquella hoja había dibujado un muñequito extraño: el cuerpo era un triángulo, las piernas dos palos, la cabeza sin cara y dos alas pequeñas asomaban por detrás.

"¿Qué es, cariño?", le pregunté. Su respuesta me hizo cambiar la idea que yo tenía sobre los tatuajes: "Soy yo, soy tu angelito y quiero ir siempre contigo". 
No me dio tiempo a pensar y tampoco quise hacerlo; era algo que me pedía mi hija: estar siempre conmigo, y a eso no hay madre que se niegue.
Hablé con un tatuador que conocía y, desde entonces, aquel angelito está en mi espalda. 
Cuando mi hija está en el colegio yo me pongo la mano donde está su dibujo y la noto, va siempre conmigo. 
Nadie mejoró el dibujo, se hizo tal cual lo dibujó con cinco años, tan sólo añadí su inicial en el cuerpo del angelito.
Recuerdo cuando la fui a buscar al cole y le enseñé el tatuaje aún tapado por un plástico; me abrazó y se echó a llorar diciéndome: "Mami, voy a ir siempre contigo". 
Cuando llega el verano y nos vestimos con tirantes, aún hay gente que me pregunta qué es eso y mi hija muy orgullosa dice: "Soy yo, soy su angelito". 
Ya me ha preguntado cuándo se puede hacer ella un tatuaje para dibujarme a mí, y  así estaremos unidas.... creo que más no podemos estar.
Dije que nunca me haría un tatuaje, pero hay peticiones a las que no puedes decir NO.