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lunes, 6 de febrero de 2012

SE VENDEN HISTORIAS

El otro día en la puerta de mi trabajo, que dando gracias tengo, me disponía a fumar un cigarrillo antes de comenzar la jornada, cuando en la casa que hay justo en frente vi un balcón que se abría y un señor que salía a colgar un cartel de “Se vende”.
Pensé en la pena que uno debe sentir al tener que desprenderse de la que, durante muchos años, ha sido su hogar; donde se han pasado momentos tristes y alegres, donde han crecido los hijos, donde se han creado sueños que se han esfumado y otros que se han hecho realidad.
Vemos por nuestras calles muchos carteles como ése, pero no nos paramos a pensar que detrás de cada uno de ellos ha habido vidas, ilusiones, proyectos, personas que, como cualquiera de nosotros, han intentado seguir adelante y no han podido.
Los que ya volamos hace tiempo de la casa de nuestros padres aún mantenemos en nuestra memoria cada rincón de lo que un día fue nuestro hogar, nuestras inquietudes, nuestros logros y fracasos, nuestra historia.
No son simplemente cuatro paredes con o sin muebles que pasen ahora a otras manos; son vidas de personas que están ahí o que han estado y que, por un tiempo, dejaron parte de su anónima existencia  en ese lugar que ahora ocuparán otros para comenzar una nueva historia.

lunes, 12 de diciembre de 2011

CASAS DE CRISTAL

Me estaba acordando del primer día de clase de mi hija este curso.
Al salir le pregunté qué habían hecho, me contestó que les habían preguntado qué habían hecho en verano y ella, después de decir que había ido a la piscina añadió: "Mi mamá se duerme cuando suena la música de "Sálvame". Tuve que taparme la boca para que no me viera reír.
Le dije que había cosas que no se podían decir, que pertenecían a la intimidad de la casa.
En cierto modo es envidiable la actitud de los niños; para ellos no existen fronteras entre la casa y la vida en la calle, todo es un conjunto, todo forma parte de su vida y no hacen distinciones.
La vida es la que te se enseña a ser discreto, a no decir más allá de lo considerado "políticamente correcto", pero ¿quién marca esos límites?.
No voy a exponer ahora todo lo que ocurre en mi casa, porque eso es parte de mi vida y de la de mi familia, pero hay ocasiones en las que me gustaría gritar a los cuatro vientos las alegrías y las penas, los ratos de risas, las conversaciones,....
¿Qué sería de muchos si las casas fueran de cristal y se pudiera ver todo lo que ocurre en su interior?. Para algunos sería una liberación: podrían dejar de sufrir en silencio lo que ocurre dentro de cuatro paredes que son una cárcel; para otros sería que los demás descubrieran que realmente no son lo que son, que su casa es el camerino en el que vestirse para enfrentarse al qué dirán de la calle; para otros les daría lo mismo cómo fueran las paredes, ya que son exactamente igual dentro que fuera de ellas.
No me gusta preguntar a los demás sobre su vida; si tienen algo que decirme, ya lo harán y si quieren saber algo sobre mi vida yo seré la que lo cuente. Tampoco tengo nada que esconder; desde pequeña me enseñaron a ser en la calle como soy en casa.
Quizá por eso la vida golpea y hace daño, porque muchos seguimos creyendo que somos niños y, olvidándonos de la discreción impuesta por la sociedad, creemos que vivimos en casas de cristal.

martes, 8 de noviembre de 2011

BUENOS MOMENTOS


He vuelto a esa casa en la que aún viven todos mis recuerdos; esa casa en la que fui feliz; esa casa en la que siempre había gente. Y ahora está vacía.
El olor permanece: las tortitas de pan de mi tía, la colonia de mi bisabuelo después de afeitarse, la leña apilada para ponerla en el hogar.
En mi cabeza permanecen muchas más cosas: toda una infancia de buenos recuerdos, de una gran familia unida.
Las imágenes en mi mente se remontan a mi bisabuelo con su bastón y sus gafas con un cristal ahumado, con su faja negra y su boina; mi bisabuela, pequeña, frágil, pero con una fortaleza que ya nos gustaría a muchos tener, despellejando conejos en el corral y diciéndome que no mirara, sabiendo que entre mis pequeñas manos apoyadas en la cara, mis ojos se asomaban entre los dedos para contemplar tan macabro pero a la vez excitante espectáculo; mi abuela, viuda apenas tres meses después de casarse y que vivía por y para su familia,…
Tantas y tantas cosas que los arreglos de la casa no han conseguido hacer desaparecer. Tantos días de juegos en el corral con mis hermanos viendo a mi bisabuelo, plantado en el camino del pozo para que ninguno nos acercáramos. Tantos domingos de volver a casa, oyendo el fútbol en el coche, sentada delante con mi madre, porque éramos muchos y había que distribuirse.
Fueron muchos los buenos momentos que pasé en aquella gran casa y que vivirán para siempre conmigo; pero uno estará por encima de todos; uno que yo vivo en estos momentos: las largas conversaciones de mis bisabuelos entre ellos.
Tengo la suerte de poder conversar con mi pareja, de hablar de todo y de nada y, ante todo, de saber escuchar y que me escuchen.