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viernes, 3 de agosto de 2012

LA MAÑANA



Ya casi podemos tocar con los dedos la mañana del día de San Lorenzo, la del 10 de agosto, la que nos vestimos de blanco inmaculado y verde.
Hay pocas mañanas bonitas en el año, pero para los que somos o nos sentimos oscenses, ésta es la más maravillosa de todas.
El olor a albahaca, la música de los danzantes, la alegría en los rostros y alguna que otra lágrima que resbala por nuestra mejilla y que intentamos ocultar tras las gafas de sol.
Mañana de reencuentros con aquellos que hace tiempo que no veíamos; mañana de ver la procesión “donde siempre” y después ir a tomar un café; mañana de mover los pies al ritmo de los dances de nuestra ciudad; mañana de echar de menos a aquellos que ya se han ido de nuestro lado.
Cierro los ojos y veo pasar a papá con la Cofradía de Caballeros de San Lorenzo; camisa blanca, pañoleta al cuello y una sonrisa que iluminaba todo. Mamá, a mi lado, lo observaba orgullosa, vestida con los colores de nuestras fiestas, dichosa de tener a todos sus hijos y nietos junto a ellos en esa mañana tan especial.
Este año pasarán mis sobrinas con la Cofradía acompañando a San Lorenzo, y mis hermanos y yo, junto con los demás pequeños de la casa, volveremos a cerrar los ojos y sabremos que ahí donde estáis ahora, seguiréis sonriendo y diciéndonos: “No hay mañana más bonita que la del día de San Lorenzo”.