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miércoles, 23 de noviembre de 2011

ME GUSTARÍA.....

Alguna vez me he planteado qué me gustaría ser si no fuera yo.
Son demasiadas las respuestas que me vienen a la cabeza; no me gustaría ser otra persona, preferiría ser algo, una cosa.
Me gustaría ser agua para poder recorrer valles verdes y hacer un largo camino hasta llegar al mar; para poder dar de beber a aquellos que no tienen; para mojar a los niños recién nacidos y notar su suave y delicada piel; para caer en los campos que esperan sedientos.
Me gustaría ser el sol para dar vida a la tierra y los seres que la pueblan, para dar calor a las personas que, sin hogar, pasan frío en los días de invierno, para hacer crecer plantas y árboles, para llenar de luz todos los rincones.
Me gustaría ser fuego para calentar los corazones fríos de la gente, para dar luz en casas pobres y desamparadas, para calentar un plato de comida que llevar a la boca.
Me gustaría ser un árbol, alto, fuerte, lleno de hojas, para dar sombra en los cálidos días de verano, para que los pájaros se posaran en mis ramas y construyeran sus nidos, para dar frutos y que las personas se alimentaran.
Me gustaría ser una nube para poder tapar el sol en los días agobiantes de calor, para poder soltar el agua en las zonas secas, para que los niños jugaran a ver formas, para no tener límites ni fronteras.
Me gustaría ser un libro para hacer llorar a algunos y reír a otros, para hacer soñar, para provocar polémicas y tertulias entre amigos, para que los niños aprendieran a leerme y los mayores no olvidaran.
Me gustaría ser una flor para que los niños me cogieran y me olieran, para ser una declaración de amor, para ser una despedida a alguien que se va, para ser un hola a un ser que llega a la vida.
Tantas y tantas cosas me gustaría ser que todas se resumen en una: me gustaría ser la felicidad que dan las pequeñas cosas.

jueves, 17 de noviembre de 2011

SOY UN PÁJARO

Todos decimos que ya somos adultos, que hemos madurado, que nuestras vidas dependen de nosotros mismos, que no tenemos que dar explicaciones a nadie.. Pero no es cierto.
Siempre queremos tener a alguien ahí detrás que, de vez cuando, se alegre por nosotros, llore con nosotros, nos dé un abrazo y nos diga: "Esto está bien o está mal".
Dicen que los pájaros son libres, pero vuelan en bandadas.
Nosotros somos igual; necesitamos nuestra bandada para seguir el vuelo de nuestra vida.
Es terrible sentir el vacío que trae la soledad, la impotencia que sentimos al vernos solos ante una situación ya sea triste o alegre.
Hay personas que olvidan. Nos olvidan. Ya no somos importantes en sus vidas. Pero ellas lo fueron un día en la nuestra y nosotros queremos que lo sigan siendo.
Por suerte la vida nos trae amigos, verdaderos amigos, seres que están ahí, que ríen y lloran con nosotros, nos aconsejan, nos escuchan.... pero nunca sustituirán a los otros.
Soy un pájaro que un día dejó su bandada y echó a volar con otros, pero sigo queriendo a los de antaño y, de vez en cuando los necesito, aunque ellos me hayan olvidado.

viernes, 11 de noviembre de 2011

EL TRABAJO MÁS DIFÍCIL DEL MUNDO

De pequeño no pensaba que cuando creciera me dieran tal responsabilidad.
Nací en una familia normal y corriente; la única excepción es que tuve un hermano gemelo.
Desde pequeño vieron que yo era muy despierto, que sabía permanecer atento a aquello que se me explicaba, que procuraba ayudar a los demás, en resumen, que era muy "avispado".
Conforme fui haciéndome mayor me fueron inculcando cuales serían mis labores en un futuro. Al principio era un juego y a mí me divertía; poco después me di cuenta que aquello tenía mucha responsabilidad. Muchas veces pedía que me cambiaran de clase, que no quería seguir estudiando aquello tan complicado; pero mis peticiones cayeron en saco roto: había nacido para eso y tenía que hacerlo.
Muchos días llegaba a casa llorando y suplicándole a mi padre que no me hiciera volver al día siguiente, que cuando terminara mi preparación no sabría desempeñar mi trabajo, que no quería que la vida de los demás estuviera en mis manos. Mi padre intentaba convencerme diciendo que estaba en una buena escuela, que no iría a trabajar hasta que se dieran cuenta de que estaba bien preparado para ello; pero no me consolaba.
Pasó el tiempo y con él llegó el final de mis estudios. Llegó el día en que tuve que enfrentarme a mi trabajo; me acompañó un "veterano" en la materia y, aunque parezca mentira, no me pareció tan difícil.
Durante unos meses estuve siempre acompañado hasta que me aprendí cómo funcionaba todo, dónde debía ubicarse cada uno y lo que tenía que hacer.
Por fin llegó el día en que tuve que ir yo solo a trabajar, me coloqué en mi sitio y poco a poco fueron llegando. Al principio de uno en uno, pero yo sabía que, en horas concretas, aquello sería un hervidero. Procuré no ponerme nervioso y me dije a mí mismo que podría hacerlo, que estaba preparado.
Llegó el momento que había esperado y odiado: cientos y cientos, todos a la vez, cada uno en una dirección; y ahí estaba yo, en medio de todo procurando poner un poco de orden.
Pasó el rato y me quedé solo; me di cuenta que ninguno había resultado dañado y que todos habían partido hacia sus destinos sin ningún problema.
Desde aquel día no me da miedo ir a trabajar, todo lo contrario, me siento orgulloso de tener el trabajo más difícil del mundo: dirigir el tráfico del cielo a mis congéneres los pájaros.